La Bestia, de Peter Benchley (Bichitos 4)

La Bestia (Beast, 1991) es obra de Peter Benchley, autor de Tiburón. Y sigue punto por punto la misma fórmula de su gran éxito, cambiando el tiburón por un calamar gigante del Atlántico o Architeuthis dux.

Un calamar no es un tiburón

El mayor interés del calamar gigante es todo el misterio que lo rodea. Apenas sabemos nada sobre ellos, y sabían menos aún cuando Benchley publicó La Bestia. En 2019 tuvimos al fin un vídeo de este animal vivo. Hasta entonces nos contentábamos con los ejemplares capturados por accidente o con los que aparecen muertos en las playas.

Estos ejemplares nos aclaran poco el tamaño del Architeuthis dux. Hay constancia de ejemplares de 16 metros, y se piensa que pueden alcanzar los 18. Pero la mayoría suelen medir entre 3 y 6 metros, y pesar unos 150 kilos. Casi todo el peso pertenece a los tentáculos.

En La Bestia, Peter Benchley emplea un calamar gigante formidable. Una hembra hambrienta, astuta y muy agresiva. El problema es que un calamar gigante no asusta como un tiburón. La verdad es que metía mucho más miedo a nuestros antepasados.

La Bestia - Peter Benchley - KindleGarten

Porque el tiburón está en el imaginario colectivo actual y tiene una boca enorme llena de dientes afilados. Mientras que los monstruos marinos como el kraken o la escila son mitos de la antigüedad refutados por la ciencia, nacidos probablemente del avistamiento de calamares gigantes. Amplificados después por la superstición, la sugestión y la narrativa oral. Hasta convertirlos en monstruos capaces de hundir barcos enteros con toda su tripulación.

La Bestia se pasea por las Bermudas

La acción se traslada de Nueva Inglaterra a las Bermudas, esas islas que en teoría son una colonia británica y en la práctica dependen de Estados Unidos para todo. Casi no queda pesca, tras años de sobreexplotación. Ahora el sector principal es el turismo, aparte de ser un paraíso fiscal.

Hambrienta por la falta de alimento que provocó el exceso de pesca, llega la Architeuthis dux y comienza a atacar a presas que no están en su menú habitual. Lo que incluye humanos. Hasta que su presencia amenace el turismo y el gobierno de Bermudas tenga que actuar contra ella. La misma historia de Tiburón.

El reparto

El protagonista aquí es Látigo Darling, un marino veterano, antiguo pescador que ahora se las arregla como puede. Las deudas y estrecheces de Látigo serán uno de los motores narrativos.

Junto a él estará Marcus Sharp, teniente de la Marina estadounidense, piloto y buceador experto. Y también el doctor Herbert Talley, un científico que dedicó toda su carrera a estudiar los calamares gigantes.

El vengador de La Bestia será Osborn Manning, un magnate cuyos hijos mueren víctimas del monstruo. Mientras que el villano mezquino sería Liam St. John, director del Instituto Oceanográfico. Que le tiene ojeriza a Darling y le hace la puñeta siempre que puede.

Y por último Carl Fritz y Lucas Coven serán la antítesis de Látigo. Marinos desaprensivos y sin principios, dispuestos a lo que sea para rascar unos dólares. Por supuesto, están en la trama para llevarse su merecido.

Lo de siempre, como siempre

La Bestia no sorprende en ningún momento. Es tan fiel al esquema Tiburón que deja poco margen a la sorpresa. Tiene escenas calcadas tanto de Tiburón como de Tiburón blanco (tal vez la mejor novela de Benchley por sus concesiones a la ciencia ficción). La escena en la que Látigo abronca a Carl Fritz por usar trampas para peces (prohibidas desde hace años) aparece casi idéntica en Tiburón blanco. Allí, dos jóvenes eran reprendidos por el protagonista mientras pescaban una hembra de tiburón.

Y es que Peter Benchley tenía intenciones ecologistas con sus novelas. Quería concienciar sobre la situación delicada de los océanos, y de la importancia de conservar su biodiversidad. Así que tenemos pasajes y diálogos sobre el tema.

Por lo demás, muchos ataques del calamar a embarcaciones y buceadores. Un submarino de alta tecnología y otros deslices al tecnothriller. Y planes presuntuosos de cazar a la bestia que, por supuesto, salen mal.

La novela transcurre entre el killcount del calamar (bastante abultado) y los intentos de Manning y Talley para que Látigo se decida a actuar contra el bicho. Cuando lo logran, extorsión mediante, tendremos la ansiada parte a bordo del Privateer, el barco de Látigo, con el Gran Enfrentamiento Final™ entre humanos y monstruo. Que, sorpresa, esta vez se resuelve con un deus ex machina.

Lo gracioso es que La Bestia (también se puede encontrar como El Monstruo en algunas traducciones antiguas) es un best-seller muy adictivo, que se lee con gusto y que se termina enseguida. Además no es muy largo.

La Bestia, a la tele

En 1996 se estrenaba una adaptación de La Bestia, una miniserie televisiva titulada igualmente The Beast. Consta de dos capítulos y dura casi tres horas (2h49′). Fue una coproducción EUA – Australia (se rodó en localizaciones australianas). No se emitió en España.

La serie de La Bestia tiene dos problemas. Uno, se hace larga, y por momentos aburrida. Dos, que el calamar es de goma. Y se nota mucho. Es un monstruo de goma más propio de un malo de Super Sentai cutre o de un kaiju-eiga de los 50, pero sin el encanto de aquellos.

Introduce bastantes cambios con respecto a la novela. La acción se traslada a una pequeña localidad costera del estado de Washington, en los EUA. Látigo Darling, aquí Látigo Dalton (William Petersen) es mucho más joven, y en vez de casado es viudo. Su hija Dana (Missy Crider) vive con él.

Marcus Sharp es una mujer, Kathrin Marcus (Karen Sillas), y no es de la Armada, sino guardacostas. Lucas Coven (Larry Drake) tiene un papel más importante, y refunde su personaje y el de Carl Frtiz.

También se introducen varias subtramas románticas, y tiene más peso la política. El alcalde Schuyler Graves (Charles Martin Smith) participará en la cacería.

Y hay un segundo calamar, también de goma. Una cría del primero. Los pescadores cazan al calamar pequeño, y lo celebran como un gran triunfo pensando que cazaron al grande. Pero el grande sigue libre y ahora está de mal genio. De nuevo recuerda a la trama de Tiburón. Donde también había una primera cacería de un escualo equivocado.

La Bestia de goma

Los pobres efectos visuales lastran mucho el resultado final. Y se cargan la suspensión de incredulidad. Es imposible sustraerse al hecho de que el monstruo es un muñeco. Cada aparición suya provoca más hilaridad y sonrojo que miedo. Ni los jump scares funcionan.

El director (Jeff Bleckner, un artesano con una larga carrera en la tele) tira por el camino fácil, por lo que funciona en las historias de bichos. Planos subjetivos del monstruo, con una música que recuerda demasiado a la de Tiburón. Momentos de angustia con salvamentos in extremis y maquetas de barcos hundiéndose.

La Bestia - Peter Benchley - KindleGarten

Criatura (Creature), la adaptación de Tiburón blanco, era un serie B muy digno. Con una mezcla de animatronic y disfraz muy resultona y una ambientación del laboratorio submarino lograda con iluminación y trucos de cámara. Por eso fue un éxito relativo, suficiente para relanzar la novela, retitulada Creature desde entonces.

Pero The Beast no tiene nada de aquello. Con Peter Benchley como productor ejecutivo, es un producto mediocre, de sobremesa. Los cromas se notan, las maquetas se notan, la pirotecnia se nota… poco pueden hacer los actores para salvar el resultado. Tal vez fuese aún peor que el monstruo fuese un CGI. Pero viendo The Beast es imposible no recordar Ed Wood y al bueno de Bela Lugosi «luchando» contra el pulpo inanimado.

Bloguero, escritor y redactor de contenidos. Colaborador de las revistas Windumanoth, HyperSpace y Libros Prohibidos, y del podcast El Sótano de Radio Belgrado. Miembro de la revista Tantrum y del colectivo Inicia Literaria. Autor de Leyendas del Colt con el seudónimo Kenneth James.
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2 pensamientos en “La Bestia, de Peter Benchley (Bichitos 4)

  1. Hola, Tomás:
    Veo que tu “serie” ‘Bichitos’ ya va por la cuarta entrega. No conocía ni la novela ni las versiones de “Bestia”. La verdad es que desde que vi “Tiburón” hace ya muchos años el cine o las novelas que plantean asuntos de este tipo (catástrofes o monstruos) no me atraen en exceso.
    Un fuerte abrazo

    1. Hola, Juan Carlos.

      Mi caso es el contrario: me fascinan las películas de monstruos. Y sin son marinos, todavía mejor. Espero ir trayendo al blog exploitation baratos de Tiburón, porque no me importa el grado de cutrerío de las cintas, me gusta el cine basuresco. ¡Abrazos!

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