La balada de Buster Scruggs - KindleGarten

La balada de Buster Scruggs (Séptimo de Burrería 10)

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Los hermanos Ethan y Joel Coen firman una película del Oeste para Netflix, con una visión personal y atípica de la Frontera a través de seis historias breves.

Los Coen van al Oeste

La balada de Buster Scruggs no es la primera película de los Coen ambientada en la Frontera. Antes ya estaban el western puro Valor de Ley (True Grit, 2010) y neowesterns como No es país para viejos (No Country For Old Men, 2007), Fargo (1996) o Arizona Baby (1987).

Su nuevo trabajo es uno de los Originales de Netflix, estrenado en exclusiva en la plataforma, pese a lo cual se presentó en varios festivales de cine, ganando algunos premios y cosechando nominaciones, entre ellas a tres Oscar.

Se dice que La balada de Buster Scruggs iba a ser una serie, un proyecto frustrado por la razón que fuese, y que el material se aprovechó para esta película de seis segmentos y 2h 13′ de duración. Una mezcla de géneros (musical, comedia, drama) con la Frontera como único denominador común.

El libro de La balada de Buster Scruggs

Las seis historias se unen entre sí a través de un libro, y la transición entre ellas es un plano del mismo, en el que vemos pasar las páginas al principio y al final de cada relato. Un volumen en una edición clásica encuadernada en tela, con hermosas letras capitales e ilustraciones protegidas por papel de seda.

Ilustraciones que colaboran en gran medida a la ambientación de la cinta. Que recuerdan enseguida al estilo de Frederic Remington y otros pintores de la Frontera, y que son obra de Gregory Manchess.

Así que no pocos se preguntaron si el libro La balada de Buster Scruggs existía realmente. Pero los Coen explicaron que No. Que son historias escritas a lo largo de 25 años, guiones originales o inspirados en relatos clásicos sobre la Frontera.

La película y las personas

Ethan y Joel Cohen reunieron un buen equipo técnico y un buen reparto, con caras conocidas y secundarios sólidos. Uno de los puntos fuertes de la película es, además de la labor actoral, la ambientación. Vestuario, maquillaje, escenarios… La balada de Buster Scruggs es un desfile de ropas mugrosas, barbas descuidadas, miradas esquivas y dientes ennegrecidos que destila realismo y credibilidad.

Lo mismo puede decirse del rigor. Las dos intervenciones de los nativos de Norteamérica muestran atención al detalle. La panoplia y las pinturas de guerra son tan acertadas que en «Near Algodones» basta el primer vistazo a lo lejos para identificar a los indios como comanches.

Cada segmento tiene un estilo y una factura diferentes, algo en lo que se centran las críticas negativas. Que la acusan de irregular, o de batiburrillo de historias sin nada en común. Hasta de demasiado larga, o de desinflarse según transcurre.

Lo cierto es que su estructura de segmentos puede verse como negativa o positiva, dependiendo de los gustos. Siendo un producto televisivo, permite verla en varias veces, un poco como la serie que iba a ser originalmente, con sus seis capítulos.

«La balada de Buster Scruggs»

La historia que da nombre a la antología es un relato de corte cómico y musical, protagonizada por Tim Blake Nelson, que está inspiradísimo y muy cómodo en el papel. Un pistolero cantarín, vestido totalmente de blanco y montando un caballo blanco (como los buenos de los viejos western pulp), que rompe la cuarta pared y juega con todos los tópicos del western popular.

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Buster Scruggs, que atesora varios apodos, canta, dispara y se conduce con autosuficiencia, hasta encontrar a un rival a su altura (Willie Watson), vestido de riguroso negro y sobre un caballo negro. Todo se mueve entre el homenaje y la parodia al western, con guiños al cine western con todos sus vicios, como la anacrónica guitarra de Buster, una Recording King del S.XX con clavijas afinadoras de plástico.

El segmento incluye varias canciones y cierra con una escena surrealista al son de When a Cowboy Trades His Spurs for Wings.

«Near Algodones»

Otra historia surrealista. James Franco interpreta a un pistolero cuyo robo a un banco de Nuevo México se frustra por el pintoresco y corajudo cajero que lo custodia.

Comienza un periplo de linchamientos frustrados y ataques comanches (una escena de acción rodada con respeto y amor al western), que termina de forma ácida, con un pistolero que asume su destino sin rencor y recreándose en la vista de una joven hermosa. James Franco defiende el papel con solvencia, incluyendo las caras de socarronería que se le dan tan bien.

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«Meal Ticket»

El segmento más crudo de la película, interpretado por Liam Nesson, que prácticamente no habla, y Harry Melling (el Dudley Dursey de Harry Potter), nombrados simplemente «el empresario» y «el artista»

Neeson es un feriante que recorre los pueblos mineros en su carromato, llevando con él a Melling, un joven sin brazos ni piernas que declama un largo monólogo con fragmentos de tragedias griegas, de teatro de Shakespeare o de la Declaración de Independencia de los EEUU.

El espectáculo pierde popularidad y la recaudación es muy escasa. La historia concluye de forma cruel, con la intervención de una gallina que sabe operaciones matemáticas, pese a no tener una educación formal.

«All Gold Canyon»

El cantautor Tom Waits interpreta a un viejo minero solitario que se adentra en un valle inhabitado, en busca de un filón de oro.

Este segmento recoge con mucho acierto el espíritu de los relatos de Jack London (se basa en su relato homónimo) o de novelas como Bajo cielos inmensos (The Big Sky, 1947) de A.B. Guthrie. Historias sobre gigantescos espacios naturales no hollados por el hombre y sobre aquellos pioneros que se adentraron en ellos por primera vez.

El anciano minero medio loco es un cliché del western, y aquí sale bastante bien parado. Tiene su gracia la escena en la que sube a un árbol para robar huevos de búho, y decide llevarse uno solo ante la mirada suspicaz de la madre. Las gallinas saben contar, pero ¿y los búhos?

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El mensaje, en cualquier caso, es que el mayor peligro para el hombre de la Frontera no procede de la Naturaleza sino de sus semejantes.

«The Gal Who Was Rattled»

La historia más larga de La balada de Buster Scruggs podría estar firmada por Dorothy M. Johnson. La joven Alice Longabaugh (Zoe Kazan) se aventura junto a su hermano enfermo y su perro en una caravana que se dirige a Oregón, donde se casará (contra su voluntad) con un socio de su hermano.

En el viaje conocerá a Bill Knapp (Bill Heck), quien guía la caravana junto al Sr. Arthur (Grainger Hines). Knapp quiere sentar cabeza y abandonar la vida de la pradera. Por ello le pide matrimonio a Alice.

Todo se tuerce con un ataque indio (Sioux, diría), rodado con mucha emoción y verismo, por cierto. Como el resto de las historias, tiene un final algo precipitado y que deja sensación de incomodidad.

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«The Mortal Remains»

El segmento más fantástico de la película podría estar ambientado en cualquier lugar, pues transcurre íntegramente dentro de una diligencia, en la que cinco viajeros conversan y se hacen confidencias. Rodada con noche americana, que se va oscureciendo poco a poco, es el tropo gótico de las almas que viajan juntas contándose sus respectivas historias. Por eso el cochero fantasmal sin rostro y ese hotel final que parece representar el Más Allá.

En el reparto destacan los irlandeses Jonjo O’Neill y Brendan Gleeson (Ojoloco Moody en Harry Potter) como Englisman e Irishman, una pareja de cazarrecompensas muy peculiares.

Buster Scruggs y la crítica

A La balada de Buster Scruggs se le achaca su irregularidad, su sensación de dejar insatisfecho (como que siempre le falta un puntito de fuerza) o el no mantener el nivel de las dos primeras historias. También de recurrir a la violencia como palanca narrativa, de usarla para resolver todas las situaciones.

Algo que en el western no debería de preocuparnos. Como Kenneth James siempre digo «Lo que más me gusta de escribir westerns es que, cuando te atascas con la trama, solo tienes que hacer que alguien desenfunde un revólver».

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Y todo esto con una factura técnica (fotografía, montaje, planos —preciosos panorámicos y contraluces—, sonido, vestuario, escenarios) impecable. Nos quedamos sin serie de los Coen en Netflix, pero tenemos una buena película y seis historias que recomendar a quienes no les gusta el cine del Oeste «porque siempre es lo mismo».

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Bloguero, escritor y redactor de contenidos. Colaborador de las revistas Windumanoth, HyperSpace y Libros Prohibidos, y del podcast El Sótano de Radio Belgrado. Miembro de la revista Tantrum y del colectivo Inicia Literaria. Autor de Leyendas del Colt con el seudónimo Kenneth James.
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