Ocho años de KindleGarten

Ocho años de KindleGarten

Veintiseis de febrero, aniversario. Ocho años de blog, e internet y yo somos ocho años más viejos. Esta vez no me apetece escribir una entrada como la de años anteriores, más que nada porque hace tiempo que no sigo las estadísticas del blog y que paso de métricas y analíticas.

Desde 2013, cuando los blogs lo petaban, hasta este 2021 donde los blogs son una curiosidad de nostálgicos e irredentos, un poco como los radioaficionados, KindleGarten pasó por un montón de etapas. De actividad frenética, de letargo (podeis llamarlo abandono, no me parecerá mal), varios conatos de cierre definitivo, distintos intentos de relanzamientos, cambios de rumbo… siempre buscando la tecla mágica que atrajese lectores en masa y le diese esa notoriedad que siempre se me escapaba.

Por que, ¿qué tenían otros blogueros (y sobre todo blogueras) para escribir dos párrafos y lograr miles de visitas y docenas de comentarios? O dicho de otro modo, ¿qué estaba haciendo mal yo? Un tema que finalmente dejó de mortificarme, cuando de forma inconsciente me fui convirtiendo en un feliz y relajado bloguero de nicho, cómodamente instalado en el Slow Blogging.

Antes blogs, ahora redes sociales

Pasó el tiempo, y el tráfico de Internet se fue trasladando a la redes sociales, donde se quedó, sin trazas de que salga de allí algún día. Porque además hubo una época en la que todo tenía que tener su «capa social» con sus seguidores y todo eso. Mucho te daba la tabarra en Spotify para que siguieses gente.

Como todos, fui probando distintas redes y plataformas, y abandonándolas todas: Facebook, Google+ (una propuesta estupenda pero incomprendida, donde además surgió mi implicación en El Sótano de Radio Belgrado), aquel Pinterest «para hombres» que era Tapiture, Tumblr, Bloglovin (que para mi sorpresa todavía existe), Imgur, Goodreads (que, como un bar de barrio, resiste desde entonces con cambios mínimos, y eso que le vendrían bien unos cuantos, al menos una manito de pintura), y Twitter.

Ah, Twitter. En esa sigo, y no será por lo tóxica que es y por ganas de dejarla. Supongo que a los fumadores les pasará algo similar con el tabaco. Tras pasar por otras tantas etapas como tuitero, decidí no tuitear nada y limitarme a leer y dar «Me Gusta». De ese modo uso Twitter como un Feedly para seguir temas y personas que me interesan, e intento evitar la pérdida de tiempo tontorrona que es en realidad. Y aquí está el pie para hablar de KindleGarten:

Por qué sigo teniendo y blog (y por qué sigo siguiendo blogs)

Por varias razones, y todas son lo opuesto al modelo que imponen las redes sociales:

La inmediatez

Internet lleva años imponiendo un modelo de consumo de información en el que prima llegar primero. No importa meter la pata, ya se rectificará después, pero pon tu bandera antes que nadie. Los blogueros (y los podcasters) deberíamos ir a contracorriente, aunque nos convirtamos en forenses: dejar reposar la información, promover el análisis calmado y con perspectiva.

La extensión

Los vídeos son cada vez más cortos, el público se aburre en un vídeo de tres minutos. En TikTok son fogonazos de quince segundos. Si en Twitter te pasas un poquito de extensión (según el criterio actual, que no tolera más de seis o siete líneas), indefectiblemente alguien te descalificará con el meme de «Mucho texto».

Y se quedará tan ancho. Conservemos los blogs como espacio para los textos trabajados, para la lectura sosegada.

La soberanía

Es sencillo: lo que publicas en una red social no es tuyo, punto. No está en tu servidor, no tienes control total sobre ello. Su red social, sus normas. Si un día deciden cerrarte la cuenta o borrar tus contenidos, pueden hacerlo. Y allá se fue todo tu trabajo.

El debate

Las redes sociales igualan el debate a la baja. En una carambola de relativismo, valen lo mismo la opinión de un experto que la del primer hijo de vecino que pase por allí. Sumémosle que el respeto brilla por su ausencia y el «debate» consiste en descalificar al otro, buscar incoherencias en su discurso para darle un «zasca» y argumentar a base de falacias.

¿De verdad merece la pena desgastarse en debates absurdos donde «no tienes ni puta idea» es un argumento válido? Los blogs nos permiten un debate mucho más sano y enriquecedor.

El sitio de mi recreo

Los blogs y los podcasts son mi espacio seguro. Es donde me siento a salvo de los ataques a lo que soy, de los discursos de odio, de los debates estériles (y cíclicos) y de la infoxicación. Yo selecciono los contenidos que me interesan o me apetecen en cada momento. Y en KindleGarten puedo dar mi opinión tranquilo, sobre lo que conozco o creo conocer.

De verdad, leamos blogs, escuchemos podcasts, salgamos un poco del vomitadero en el que se ha convertido Twitter. O démosle la vuelta a las redes sociales, como están haciendo ya muchos usuarios con TikTok.

Pero cada cosa a su tiempo. Ahora mismo celebro ocho años en línea, el año que viene tal vez esté aquí celebrando nueve. Gracias a todos y a todas!

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