New York Ninja - KindleGarten

New York Ninja: el regreso de John Liu

No merece la pena que dediquemos mucho texto al semblante de John Liu. Ya lo hicieron antes y mejor las webs Los tres dragones de Occidente, El blog ausente y Sucio Tatami, o El hombre que escribe borracho en su podcast.

Por resumir: John Liu fue uno de los mayores fraudes del cine de artes marciales. Y, por extensión, de las artes marciales en general. Pero no por falta de talento para la lucha, sino por su exceso de cara dura.

Al igual que Carlos Henrique Raposo, el Káiser brasileiro que hizo carrera en el fútbol profesional sin jugar un solo minuto, John Liu se benefició de aquella era pre-Internet, donde resultaba tan fácil inventar datos como difícil contrastarlos, para intentar convertirse en una leyenda de las artes marciales y conseguirlo a medias.

Nacer en Hawaii, tener un padre científico de la NASA, aprender kung fu de su abuelo monje shaolin, ganar un torneo juvenil de karate en Okinawa, vencer a Chuck Norris en un combate amistoso, rechazar un papel ofrecido por su amigo Bruce Lee o trabajar para la CIA fueron algunas de los dudosos hitos con los que John Liu adornaba su biografía.

A ver, a diferencia del Káiser Raposo, que era incapaz de darle dos toques seguidos al balón y no le metía un gol ni al portero del cine Goya, John Liu era un artista marcial competente, con una buena técnica de patada, aprendida (y copiada descaradamente) de su maestro, el coreano Tan Tao-Liang.

Algunos, de hecho, lo consideran un pionero de las MMA, pues desarrolló su propio estilo del lucha, el zenkwondo, con elementos de kárate y taekwondo y alejado del kung fu tradicional chino que se podía ver en las producciones hongkonesas de la época.

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Pero era un actor pésimo, tanto que a su lado Michael Dudikoff parecería Marlon Brando. Y tenía tres problemas: Uno, su carácter problemático y conflictivo. Dos: le gustaba demasiado la noche. Y tres: su ambición superaba de largo sus capacidades.

Quizás por eso Liu nunca llegó a hacer gran cine de artes marciales: tras las habituales primeras apariciones como extra, tuvo unos cuantos papeles en películas de cierta relevancia (Rivales secretos, La armadura invencible, La conexión del frasco de jade). De ahí recaló en Francia y España (donde se gana el apodo de Juanito Líos) para dirigirse a sí mismo en películas de serie Z como John Liu en México o Made in ChInA.

Aunque al ego desmedido de John Liu se le quedaba pequeña Europa, y en 1984 prepara su desembarco en América con una película rodada en Nueva York con un presupuesto de… bueno, no mucho, pero algo más que sus anteriores producciones. Aquella era la obra que debería abrirle el suculento mercado americano y encumbrarlo al fin al lugar que merecía en el Olimpo del cine de mamporros.

Resultado: no lo hizo. Porque la película nunca se concluyó, como tantos otros trabajos de Liu.

Tras su fallida aventura americana, Liu vuelve a Europa, donde conservaba adeptos y el zenkwondo tuvo mejor acogida. De nuevo en España, se mezcla en una oscura trama de trata de mujeres, que termina con Liu en la prisión de Zaragoza, de la que escapa (y del país, ya puestos) en una rocambolesca fuga supuestamente organizada por sus alumnos.

Y como buen sórdido famosete de medio pelo, acaba despellejado por su expareja (Mónica Pont) en Sálvame.

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Pero treinta y siete años después, con Liu radicado en Vietnam y alejado de la industria salvo por cameos en un par de cintas de nulo recorrido, alguien encontró los rollos originales de su obra inconclusa.

Dormidos en un cajón de alguna filmoteca perdida, sin montar y sin sonido, allí estaban esperando a que algún devoto del cine basuresco los hallase y les diese forma.

Entonces entran en juego los chalados de Vinegar Syndrome, quienes montaron la película (aparece acreditado Kurtis Spieler como co-director), la sonorizaron, recurriendo para el doblaje de voces a artistas marciales como Don «The Dragon» Wilson o Cynthia Rothrock, y la sirvieron remasterizada en un Bluray con resolución 4K. Nace la leyenda de ¡¡¡New York Ninja!!!.

John Liu (y New York Ninja) en El Sótano de Radio Belgrado

Por supuesto un acontecimiento planetario como este tuvo que tener eco en el podcast El Sótano de Radio Belgrado. El Señor Darth y Pott le dedican 2h9′ a la cinta, que dura 1h33′ de diversión.

El valor principal de New York Ninja lo indica el Señor Darth: es una producción original de los 80 conservada intacta en el tiempo, no un producto revival hecho «a la manera de», como (las por otra parte respetables) Kung Fury, Turbo Kid, Super 8, o la archipopular Stranger Things.

Una producción ochentera, eso sí, tan chusca que todos cuantos participan lo hacen sin acreditar. Comparte otro de los elementos clásicos del cine de explotación, como el italiano: rodar en Nueva York es complejo, y sobre todo muy caro. Por eso gran parte del metraje transcurre en descampados con la ciudad al fondo del plano, en zonas industriales en ruinas y en barriadas periféricas.

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Momento dramático voluntario

New York Ninja se incluye en la tradición del cine de justicieros que la Cannon facturaba en serie, y tiene mucho de la apología del vigilantismo que supuso el cine de acción durante la Era Reagan.

Aunque parece pasado por el filtro de la Troma, con un villano, el asesino del plutonio, que bien podría enfrentarse al Vengador Tóxico en vez de al ninja John Liu, y que refleja el pánico de la época a la energía atómica y a una posible guerra con armamento nuclear.

El argumento central es, de forma sucinta, la inseguridad ciudadana, la proliferación de criminales, y el derecho de los buenos ciudadanos a defenderse y vengarse por sí mismos. 100% Cannon, 100% vigilantismo. Una trama de secuestro de mujeres jóvenes a manos de una banda de punks liderada por el asesino del plutonio. El resto, una sucesión de escenas de acción en la que John Liu indefectiblemente es rodeado por varios enemigos a los que despacha con sus patadas.

Porque New York Ninja permite disfrutar de la técnica estrella de John Liu: mantenerse sobre la pierna izquierda, golpear con la derecha repetidas veces y concluir con patadas giratorias. Lo cierto es que Liu usa muy poco los puños. Reconoceremos a su doble por eso mismo, en la escena más patética de la cinta: el ninja en patines repartiendo puñetazos. Una idea tal vez buena para un videojuego de la Nes, pero no aquí.

Por lo demás, mucho descuido (en los primeros planos de los periódicos de distintos días solo cambia la noticia de cabecera, el resto son siempre las mismas), escenas rebobinadas que cantan mucho, villanos de carnaval que parecen haber asaltado un mercadillo para vestirse, homoerotismo involuntario y un tono general de cachondeo que delata que el único que se estaba tomando aquello en serio era el pobre John Liu.

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Momento homoérotico involuntario

Porque además disfrutamos de la habitual narrativa yuxtapuesta del cine de artes marciales zetoso, donde las escenas se suceden con un hilo argumental débil y confuso. Fruto, muchas veces, de reaprovechar metraje de cintas inconclusas.

Pero ¿Qué importa la trama? Tenemos vigilantismo, un ninja, pandilleros de pantomima (disfrazados de cowboy, cubiertos con caretas, sombreros mogoles, turbantes o máscaras de kendo, con ropa militar o manchada con lejía…),helicópteros, tetas furtivas, música de sintetizadores y tantos mamporros que los malos tienen que pedir turno para llevarse el suyo.

Para contrastar, vemos momentos casi documentales, con intenciones de hacer cine, con planos de la ciudad de Nueva York y sus habitantes en momentos cotidianos, paseando por las calles céntricas (la cámara se recrea en la marquesina del cine que está proyectando, casualmente, Ninja 3: la dominación) o durante la celebración de Halloween.

Escuchar el programa en El Sótano de Radio Belgrado

Hoy John Liu y su zenkwondo son pasado, olvidados por un público al que, la verdad, nunca llegaron de forma masiva. Para los amantes del cine basuresco, en cambio, New York Ninja permite soñar con un mundo paralelo en el que la cinta se estrena, John Liu llama la atención de la Cannon, que lo ficha y lo convierte en uno de los grandes actioners de los 80, creando incluso una sana competencia interna con Chuck Norris. Hasta habría una adaptación a videojuego de 8 bits, probablemente de la Ocean Software, que tendría una fase en patines.

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Puedo imaginarme a Golam gritando de entusiasmo en su despacho, saltando en la silla con la cara a un palmo de la de Liu, contándole el argumento que se le va ocurriendo sobre la marcha mientras da golpes de kung fu, y movilizando a su equipo a gritos y empujones para empezar a rodar ese mismo lunes. Yoran Globus ya se enteraría tres semanas después, cuando el rodaje estuviese concluido y le tocase firmar el presupuesto de, digamos, 200.000 dólares.

Pero nos conformaremos con esta única producción americana de Liu y con su pureza ochentera. Lo mejor es disfrutarla en compañía, así que aquí está el audio de El Sótano:

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