Thelma - KindleGarten

Thelma (Me estás asustando 1)

De vez en cuando, o mejor muy a menudo, conviene salirse de la producción cultural estadounidense, hegemónica ella, y asomarse a otras denominaciones de origen, minoritarias pero que tratan sus productos con cariño. 
En 2008, los suecos dieron un golpe de efecto con Déjame entrar, que apenas dos años después ya tenía su correspondiente remake estadounidense. Algo parecido a lo que ocurriera en su día con nuestra Abre los ojos.

Y si citamos Déjame entrar es porque Thelma (Joachim Trier, 2017) es su vecina noruega. Con ella comparte sobriedad, corrección técnica, contención formal y economía de medios. Parece una constante del cine nórdico (común al fantástico y al noir, que se les da bastante bien) ese estilo sencillo, sin artificios, que está a un pasito del telefilme pero se salva por la parte actoral y por la fotografía, muy cuidada y con un puntito artesanal y lo-fi. Refleja muy bien los escenarios fríos y nevados del norte de Europa, la sensación de soledad y el carácter circunspecto de los escandinavos. Siempre correctos, siempre prudentes, siempre educados y, para nosotros, que hablamos a gritos y gesticulamos como si tuviésemos el baile de San Vito, algo inexpresivos. 

La Carrie noruega

Es imposible que la historia de Thelma no recuerde a cada momento a la Carrie de Stephen King, aunque la protagonista de Thelma sea más lista que la pobre Carrietta White. Veamos:
Thelma (Eili Harboe, a quien ya vimos en la inquietante —por actual— La Ola) es una joven procedente de una familia cristiana de la Noruega rural, que va a la universidad. Allí conoce a Anja (Kaya Wilkins), de quien se hace amiga y por la que, poco a poco, va desarrollando una atracción que deriva en una relación amorosa tratada con acierto y sensibilidad por director (Joachim Trier) y guionista (Eskil Vogt).

Thelma - Joachim Trier - KindleGarten

Pero la rígida educación fundamentalista cristiana de Thelma, y el peso de sus hiperpadres (tan controladores y posesivos como la mamá de Carrie, pero sin su histrionismo) provocan un conflicto emocional en la protagonista, que la lleva a sufrir ataques psicogénicos similares a la epilepsia. 

Ahora viene lo bueno

Thelma es una película de género fantástico, con momentos de terror de distinta intensidad. 
En la primera escena, una Thelma aún niña pasea con su padre por un lago helado. Sin motivo aparente, su padre le apunta con su rifle de caza durante varios segundos. Parece tener intención de disparar, aunque duda y y finalmente desiste. Empezamos a sospechar. En el presente, cuando Thelma sufre el primer ataque en la biblioteca de la universidad, varios pájaros de una bandada que sobrevuela el edificio se arrojan como kamikazes contra la ventana, hacia ella.  
Una serpiente (ah, el viejo y entrañable símbolo del demonio y el pecado) se desliza sobre la nieve, entra en un edificio y se pasea sobre una mujer anciana que no conocemos, rozándola con su cuerpo. Luego lo entenderemos. 

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Poco a poco, dosificando bastante bien el suspense, la historia nos va desvelando detalles sobre el pasado de Thelma, y de la relación entre sus ataques, los poderes mentales que descubriremos que posee y los papeles de sus padres por una parte, como inhibidores, y el de Anja por otro, como catalizador y precipitadora involuntaria del caos. 

El pasado oscuro que regresa

Los padres de Thelma lo han pasado mal, cierto, pero son verdaderamente chungos. Su padre en especial. El actor Henrik Rafaelsen consigue, precisamente con una actuación muy contenida, transmitir inquietud y mucho mal rollo. El control que ejerce sobre su hija a lo largo de toda la película es asfixiante (Thelma debe hablar por teléfono a todas horas con sus padres y contarles hasta el mínimo detalle de lo que hace), y en el último tramo de la cinta, manteniendo a su hija drogada y encerrada, se convierte en un psicópata de manual.  
Como decíamos, dato a dato, el guión va revelando acontecimientos del pasado, y también mentiras. Sabremos quién era la anciana del comienzo, por qué su madre está ahora en silla de ruedas, y descubriremos que Thelma tenía un hermano pequeño, del cual sentía celos y que sufre un destino horrible, en la escena más impactante de la cinta. 

Thelma - Joachim Trier - KindleGarten

Así que la trama bascula entre tres pilares: 1) Asunción y toma de control de sus poderes por parte de Thelma2) La relación con sus padres, actual y a lo largo del tiempo3) Su relación afectiva con Anja, condicionada por sus creencias religiosas y los prejuicios que le inculcaron a lo largo de su vida sobre la afectividad. 

Amor y poderes mentales

La cuestión sobrenatural daba para más, pero el director pasó de pirotecnias y los dosifica bastante, dejando escenas aisladas pero impactantes, que van dándonos a entender la magnitud de los poderes mentales de Thelma, hasta un final que congracia con el personaje y deja claro que, al fin, es la verdadera dueña de vida y de sus actos. 

Thelma - Joachim Trier - KindleGarten

Thelma juega con la confusión entre realidad y fábula, con escenas que fomentan la duda y con prolepsis y analepsis que requieren atención. Vamos, que no es una película para ver mirando el móvil de reojo. Esta misma confusión deliberada también permite al director jugar con el público y meter todo el simbolismo judeocristiano posible. 
Sobre la cuestión LGTB y su tratamiento, se busca siempre la normalidad, y no cabe quejarse de queerbaiting, porque la cinta da lo que promete en la sinopsis y en algunos de los carteles (tiene varios). 

Factura correcta para una buena historia

Toda la parte formal es más que correcta, y el presupuesto está bien exprimido. Destacan la fotografía, con muchos exteriores, y los encuadres, que le dan mucha variedad al montaje. Una escena que muestra esta solvencia formal sería la de Thelma sentada en su cama, reproduciendo el cuadro «Habitación de hotel» de Edward Hooper.  

Thelma - Joachim Trier - KindleGarten

Con el aliciente de retratar la diversidad afectiva (no solo entre Thelma y Anja, a lo largo del metraje se pueden ver parejas homosexuales tratadas con normalidad, como dos hombres en un restaurante) sin dramas y sin estridencia, y de mostrarnos la vida cotidiana en Noruega, Thelma se convierte en una buena opción para cuando nos apetezca un fantástico sencillo pero efectivo y no demasiado largo. 
Por cierto, en México y otros países de Latinoamerica se tituló La maldición de Thelma, que queda más de cinta de videoclub. 

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